Capítulo 4: Eclipse de sol en Australia, 14 de noviembre de 2012

Capítulo 4: Eclipse de sol en Australia, 14 de noviembre de 2012

Seguir eclipses de sol es una tarea bastante costosa y complicada, pero siempre trae una recompensa que dura toda la vida. Desde que ví el primer eclipse total de sol en Francia en 1999, pensé que quería ver todos los eclipses totales hasta finales del 2012, y este de Australia era el último de este ciclo de trece años de eclipses.

¿Por qué emplear tantísimo tiempo y esfuerzo en estar en el lugar exacto en el momento exacto en lugares tan remotos? ¿Qué efectos produce un eclipse total para obcecarse tanto en ver el siguiente..? La única manera de entenderlo es ver uno. Las palabras y las explicaciones de lo que se siente en un eclipse total siempre se quedan cortisimas. Estoy leyendo un libro sobre seguidores de eclipses, y son muchas las sensaciones y experiencias que comparto con muchos de ellos. La sensación de unidad, y comunión con el Cosmos es algo muy común durante la totalidad. El primer eclipse que se ve es como una iniciación, y los demás como recordatorios. El pecho se comprime y se expande en un momento de éxtasis irracional. La sensación de presente absoluto y comunión con el Sol y la Luna es pura experiencia, se recoge en el  momento y dura para siempre. El ver como se hace de noche en segundos, y salen los planetas en el cielo mientras un punto negro rodeado de rayos azules te absorbe es algo maravilloso y bestial a la vez, parece que se siente el infinito. Pura iniciación cósmica, sin intermediarios.

Además seguir eclipses tiene la recompensa de viajar hasta ellos. Desde el primero que ví al lado de la catedral de Laón en el norte de Francia, seguí la sombra hasta Zambia, Sudáfrica, Egipto, Mongolia, China y Australia.  Cada viaje se ha alargado meses, y nos ha permitido conocer la geografía, culturas y gentes de esos países y los de alrededor, y con la excusa de la unión del sol y la Luna nos hemos recorrido el mundo, con más o menos fatiga, pero ha sido nuestro sueño, y cuando se siguen los sueños cueste lo que cueste, siempre merece la pena, aunque a veces no se sepa ni por qué.

  Desembarcamos en el aeropuerto de Cairns, por la noche. Cogimos un taxi y fuimos al Youth Hostel, pensando que sería de lo más barato, y así hacíamos uso del carné de albergues juveniles que acabábamos de sacarnos.  70 pavazos por la habitación doble. Australia es una locura de caro, posiblemente el país más caro del mundo, y nuestro presupuesto que ganamos pintando la casa de mi tío estaba acabándose. Era muy tarde para buscar un camping con todo el equipaje acuestas. A la mañana siguiente decidimos alquilar un coche y dormir en la tienda de campaña, no queríamos volver a dormir en una habitación hasta llegar a la India, aunque el coche nos lo daban un día después. Creo que alquilamos el último coche barato que quedaba en todo Cairns. Habían llegado miles de personas los últimos días para ver el eclipse. El Youth hostel, es lo que llamamos un “bar paco”, “ backpackers” en inglés. Es un lugar en el que los viajeros mochileros se reúnen para contarse historias de sus viajes, tomar cervezas, jugar al billar, y preguntarse constantemente las mismas preguntas: De dónde vienes, cuánto tiempo te vas a quedar, de qué país vienes… Se van moviendo de barpaco en barpaco a través de la geografía y reservando excursiones y aventuras organizadas y bajo un extricto horario. Siempre hay alguien realmente interesante, con el que damos que hace que merezca la pena la estancia en esos lugares. Esa excepción se llamaba Jari, de Nimri, cerca de Brisbane.

Hablábamos el mismo lenguaje, estábamos interesados en las mismas cosas y veíamos el Universo de la mismísima manera. Hablamos de las experiencias transpersonales con las plantas chamánicas que todas las civilizaciones habían tenido desde la antigüedad. Es uno de los grandes tabúes en nuestra sociedad, pero ya desde hace mucho. En casi todas las civilizaciones se han utilizado plantas de poder tanto para sanar como para desarrollar la mente y ayudar en el camino espiritual. Siempre se han considerado sagradas y eran muy respetadas. Hasta que las jerarquías entendieron que si la gente común las utilizaban no serían tan fácilmente controlados y engañados, y comenzaron a prohibirlas, y a asociarlas con el demonio y la locura. La tarea de desinformar por parte de los de arriba es ya muy muy antigua. Compartimos varias horas, piedras y pequeños tesoros con Jari.  Salimos  a ver la ciudad y a bañarnos en una laguna artificial preciosa en la playa de Cairns. Nos le encontrábamos por todos los lados, parecía que  estábamos bastante sincronizados.

Por la noche no reservamos habitación en el Youth Hostel, así que tendríamos que improvisar. Estuvimos un rato en la playa con Jari y gente que el conocía y volvimos al albergue. Nos quedamos dormidos en los sofás de la sala de lectura y de ahí pasamos al suelo de la acera del edificio de enfrente, hasta casi el amanecer. Desayunamos y esperamos a que nos dieran el coche para salir de la ciudad y adentrarnos en las selvas de Queensland y empezar a buscar un buen lugar para ver el eclipse. Pasamos de ser homeless (vagabundos) en la ciudad, a ser viajeros aventureros en la montaña, lo que hace el cemento! Esa tarde llagamos a Kuranda, un territorio de selvas tropicales en la montaña.  Dormimos en la tienda de campaña en un camping libre. Al día siguiente fuimos a dar un paseo por la selva y a ver unas cascadas. El pueblecito de Kuranda tenía un mercadillo muy hippie, y paramos un rato a tomarnos algo en un pequeño restaurante de un hombre de las islas del pacífico. Parecia un santón indio, siempre de buen rollo, hicimos muy buenas migas con él. Por la tarde bajamos a buscar un lugar donde plantar la tienda en la playa. Las playas de Queensland en esta fechas están plagadas de medusas y algún que otro cocodrilo, así que sólo te puedes bañar en playas con unas redes protectoras.

Encontramos un bonito lugar en la Ellis beach, debajo de unas palmeras en una bonita playa de arena blanca. Es un placer dormir cerca del mar, bajo las estrellas, gratis. Me levante a las cinco de la mañana a buscar la constelación de la Cruz del Sur, pero tan poco la ví esa noche, aunque me quedé media hora mirando a las estrellas y la luna, las estrellas del Sur. Esa mañana hablamos sobre  el eclipse con un fotógrafo alemán que estaba con otro grupo, nos dijo que lo verían desde allí, ya tenían todo el equipo preparado. Nos encantó la idea de verlo desde la playa, pero para ser realistas, había muchas más posibilidades de verlo nublado que tras las montañas del interior. Continuamos buscando lugares por la costa para ver el eclipse, pasamos por diferentes playas y por Port Douglas. Encontramos un buen camping unos kilómetros más adelante, el Pinnacle camping. Buenísimo, el camping más bonito que haya visto nunca. Plantamos la tienda entre arbolazos y palmeras,  y saltamos directamente a la piscina. Disfrutamos del privilegio de estar un camping, aunque siempre nos gustará más la acampada libre. La mañana siguiente me levanté a la hora del eclipse, y estaba nublado. Hable con otro grupo de alemanes, seguidores acérrimos de eclipses, y nos dijeron un lugar bueno para verlo en el interior, con mejor pronóstico de tiempo, ya que la mayoría de las nubes se quedaban en la costa.

Al día siguiente salimos hacia el interior, continuando en busca del mejor lugar para ver el eclipse, un par de horas conduciendo hasta donde la selva se transformaba en desierto. Paramos en el mirador de una colina llamado Bob´s lookout. Según llegamos apareció enfrente de nosotros un gigantesco arcoiris doble, pensamos que esas montañas eran perfectas para ver el eclipse, ya que todo el valle daba hacia el este, y el eclipse era poco después del amanecer. Por la noche conocimos a Adrian y su familia, de Brisbane, Australia  y Henk, otro familiar de Holanda. Hicieron una fogata por la noche y nos invitaron a unas cervezas. Me encanta estar al lado del fuego por la noche con la gente local, aunque no tuvimos la suerte de estar así con los aborígenes.

Escuchábamos rumores de que la policía no dejaría aparcar allí porque iba a venir mucha gente, decidimos a la mañana siguiente buscar con el coche un lugar más tranquilo en las colinas siguientes en las  mismas montañas. Tras varios intentos encontramos un camino de tierra que se adentraba en la cima de la colina. Subí andando un par de kilómetros más para ver un lugar en la cima despejado de árboles para ver el Sol bien. Era perfecto el lugar, en plena naturaleza, entre rocas y colinas, con unas vistas impresionantes de los valles cercanos. Avisamos a nuestros amigos para que vinieran a verlo allí. Aparcamos el coche al lado del camino y plantamos la tienda debajo de un pequeño arbusto, al rato llegaron y compartimos toda la tarde con ellos, hablando de eclipses y de la vida en Australia. ¡Qué gente tan encantadora, qué buenos vecinos! Por la noche hicimos una buena hoguera y bebimos vino australiano. La noche estaba estrellada y era una buena señal de que al día siguiente estaría despejado para el eclipse. Después de tantos años esperando ese momento estábamos ya allí, en el lugar exacto en plena línea de la totalidad y unas horas antes… Me desperté como a las cuatro de la mañana, abrí entre sueños la cremallera de la tienda y ví durante unos pocos minutos la Cruz del Sur en el Este. La última vez que la ví fue en  Sudáfrica en el 2002 y a saber cuando la volveré a ver.

  Un ratito después comenzaba el cielo a ponerse azul y a desaparecer las últimas estrellas, saludamos a nuestros amigos, y nos fuimos Beatriz y yo solos un poco más arriba al lugar que había encontrado el día anterior. Según salió el sol comenzó la conjunción. Ya estábamos todos con las gafas para ver eclipses, subimos con el didjeridoo, mirando cada rato al sol, viendo como el mordisco de la Luna era cada vez más grande. Recuerdo esos momentos como del mundo de los sueños. Subiendo arriba de la colina con el sol apunto de eclipsar, parecíamos personajes de la película El cristal oscuro. Llegamos a nuestra roca y encontramos a dos chicos allí disfrutando del momento, casualmente a uno de ellos le conocimos en el mercado de Kuranda días atrás… La Luna cubría ya más de la mitad del Sol, y la luz comenzaba a volverse más de color sepia. Tantísimos momentos para llegar a ese lugar en esa hora, el sueño de trece años de eclipses totales estaba apunto de cumplirse. Seguíamos nerviosísimos esperando el gran momento. Todos los horizontes comenzaban a enrojecer y la luz sepia lo impregnaba todo, cuando sólo quedaban unos segundos, nos quitamos las gafas para contemplar como los valles de alrededor oscurecían de golpe y como los rayos de luz solar se colaban por los valles de la Luna antes de que saliera el anillo de diamantes. Y de golpe apareció, un brillante anillo azulado bailando sobre la superficie de la Luna y el Sol, perfectamente unidos, 400 veces más pequeña la luna que el Sol y este 400 veces más lejos. Una perfecta proporción que hace que los eclipses totales sean algo casi único en el Universo. Se hizo de noche, se levantó el viento fresco, y salieron un par de planetas. Los cuatro que estábamos arriba en la montaña permanecimos en silencio los dos minutos que duró, sintiendo el momento presente, el Carpe Diem absoluto. La sensación es indescriptible, incomparable, no es sólo un evento visual, estás en plena conjunción entre la tierra, el Sol y la Luna y eso se nota, lo nota todo el Mundo. Tanto esfuerzo por esos dos minutos. Sí. Dos minutos de Eternidad. De belleza absoluta. Un rayo luminoso escapando por otro valle lunar deshizo el encanto, y el anillo desapareció. ¿Hasta cuando? ¿hasta el eclipse del 2016 en Bali? A saber…

Bajamos de la montaña después de tocar el didjeridoo un rato con las gafas de eclipse puestas viendo como la luna pasaba por delante del Sol y se iba alejando del centro. Comenzamos a bajar la colina cuando acabó la conjunción. Misión cumplida. Una sensación de paz total nos recorría el cuerpo, lo habíamos conseguido, y por supuesto que mereció la pena,  además grabamos en video todo el eclipse, espero que algún día podamos editar los videos y fotos de todos los eclipses que hemos visto.
Fotos del eclipse de Australia de Henk Vos

 Nos despedimos de nuestros encantadores amigos de Brisbane y Holanda,  y volvimos a la costa, al Pinnacle camping, a descansar un día en el paraíso.

Y ahora os dejamos con el vídeo de eclipse a cámara rápida y sin audio…

By | 2018-05-31T09:17:30+00:00 febrero 10th, 2013|Blog|0 Comments

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